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El sobrepeso en los gatos

Muchos propietarios ven gracioso que sus gatos presenten unos kilos de más, pero es un grave error, ya que esta patología, habitualmente, tiene consecuencias que, en ocasiones, llegan a ser fatales.

 

La obesidad es actualmente el problema nutricional más importante del gato doméstico. Más del 50% de los gatos que viven en casa, sufren sobrepeso. La obesidad reduce el tiempo y la calidad de vida del animal. La mala noticia es que, este dato, presenta una firme tendencia a incrementarse, debido al aumento de la población felina en todo el mundo, como animal de compañía. La falta de ejercicio y el alimento a libre disposición, propician que un gato aburrido, se convierta en un gato gordo.

 

¿Cuándo se convierten en gatos gordos?


Podemos decir que un gato tiene sobrepeso, cuando su peso supera en un 15% a su peso ideal, y se convierte en obeso cuando está por encima del 30%.

 

El sobrepeso puede favorecer a problemas articulares, alteraciones respiratorias, problemas cardíacos por incremento del trabajo que debe efectuar el corazón, problemas hepáticos como resultado de un hígado graso, dificultades durante el parto, diabetes, problemas dermatológicos, etc.

 

El diagnóstico de la obesidad en el gato se basa, en primera instancia, en la observación del tamaño y forma corporal, el peso en sí mismo y la cantidad de grasa subcutánea que se aprecia a simple vista.

 

Sabemos que un gato de raza o mestizo de tamaño medio, tiene un peso de 3 a 4 kg. en la hembra y de 4 a 5 kg. en el macho. En razas pesadas, habrá que atenerse al standard de las mismas. Por regla general, podemos decir que un gato en óptimo peso, no debe presentar "abdomen colgante" y sus costillas deben ser palpadas fácilmente, al pasar suavemente la mano sobre ellas. Si presenta un acúmulo de grasa sobre el vientre, o no somos capaces de encontrar las costillas tras un suave paso de la mano en la zona correspondiente, debemos plantearnos que el animal, como poco, tiene sobrepeso.

 

Es importante controlar el peso de nuestras mascotas periódicamente desde el nacimiento. En las revisiones rutinarias se recomienda pesar y apuntar el peso en la ficha del animal para llevar un control objetivo.

 

La obesidad se produce cuando hay un desequilibrio entre la energía ingerida a través de los alimentos y el gasto de energía realizado. Si el animal come más de lo que gasta en su día a día, evidentemente, aumentará de peso. Las causas que favorecen la obesidad son la esterilización, la vida en interior, la falta de ejercicio, los "caprichos" en la alimentación, el alimento a voluntad o, incluso, algunos trastornos del comportamiento como el estrés. Un gato que no tiene nada que hacer, tiende a llenar su tiempo comiendo y durmiendo. Al no quemar calorías, estas se acumulan y se fomenta el problema.

 

Esta acumulación de grasa corporal deteriora las funciones del organismo del perro y le provoca serios problemas de salud. Un animal obeso tiene mayor riesgo de sufrir múltiples complicaciones tales como, enfermedades cardiacas, dolencias de piel, dificultades respiratorias, artritis y diabetes entre otras muchas.

 

Siempre es mejor prevenir que curar.


Como sucede con cualquier situación, la prevención es la mayor solución para evitar un problema. En la obesidad sucede lo mismo. Un gatito con sobrepeso u obeso, tiene todas las papeletas para ser un adulto con el mismo problema. En cambio, un gatito correctamente alimentado antes de llegar a su etapa adulta, que esté en su peso adecuado, tendrá menos riesgos de padecer este tipo de problema en su edad adulta y senior.


Cuando ya tenemos el problema encima, la cosa se complica un poco. Una vez que el animal ha cogido kilos de más, el perder peso a veces se convierte en una tarea difícil, al igual que ocurre en las personas. Esta dificultad aumenta si ha alcanzado la edad adulta.


Es mucho más difícil que nuestro gato pierda peso después de haber ganado unos kilos de más pero no es imposible si seguimos de forma estricta las siguientes recomendaciones:


Define la dieta a seguir y mide, de acuerdo con sus instrucciones, la cantidad de alimento que ofreces diariamente a tu animal. Elimina las golosinas o las sobras de comida que solo aportan calorías inútiles y sigue un programa de ejercicio adecuado a la edad y estado de tu gato.


Con respecto a los alimentos, tenemos que tener en cuenta varios factores:


No vale con quitar comida. El alimento balanceado o la dieta común que consumía habitualmente, pero reducida hasta el nivel de energía necesaria, tiene el inconveniente, que también se reducen todos los nutrientes, por lo cual no es recomendable.


Las dietas indicadas para reducir peso son las comerciales de bajas calorías (light) o las especiales para reducción de peso (en mi opinión, las ideales). Ambas tienen poca grasa (Entre el 8 y el 10%), mucha fibra (del 10 al 28%) y el resto de los componentes en las cantidades normales. En general, con estas dietas, el animal no queda con hambre, reduce su nivel de consumo de energía, y recibe lo que necesita del resto de los componentes nutritivos.


Las dietas caseras no son recomendables porque no tienen un contenido energético uniforme además que en general son nutricionalmente inadecuadas.


Los expertos nos dicen que el uso de los alimentos tipo light en forma libre, no logra producir pérdida de peso. En general, este tipo de alimento está indicado solo para la dieta de mantenimiento, una vez que el animal ha llegado al peso adecuado.


Nada de "extras" por mucha carita de pena que nos ponga. Son demoledoras en el proceso de adelgazamiento. Para hacernos una idea, un trozo de 30 gr. de jamón de york, aporta el doble de calorías de las necesarias para el gato.


Junto con la alimentación, el ejercicio es fundamental para mantener a un gato sano. Muchos de los propietarios, por falta de tiempo, no invierten suficientemente tiempo con el animal y el sedentarismo que sufre, favorece el desarrollo de esta patología. Podemos incrementar su actividad jugando más con él, haciendo que se mueva y se esfuerce. Podemos programar planes de juego donde es mejor unos pocos minutos varias veces al día, que una larga sesión una sola vez a la semana. Podemos usar juguetes interactivos como plumeros, cañas o láseres.


En todo este proceso, es fundamental la implicación del propietario. No valen las excusas pues estamos ante un problema de salud grave para nuestro gato. Si estamos convencidos del trastorno que sufre nuestro gato, y si seguimos las pautas adecuadas, podemos estar seguros de que nuestro animal además de recuperar la línea, recuperará algo mucho más importante que es su salud.

 

Rosa Roldán - Perrygatos
Técnico en comportamiento canino y felino. Educadora canina
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