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Se acabaron las vacaciones

Las vacaciones representan un cambio en la rutina de los animales y, al igual que ocurre con muchas personas, el regreso a casa, no les sienta a todos por igual. La vuelta a la normalidad puede resultar también muy dura para los perros pues es complicado explicarles las diferencias entre tiempo de vacaciones y tiempo de trabajo u obligaciones. A muchos les cuesta asimilar que, de repente, desaparecen los nuevos entornos y olores, se reducen los largos paseos así como el tiempo que comparten con sus dueños.

 

Para nosotros, supone el regreso al trabajo pero, para el perro, la vuelta de las vacaciones se convierte en vuelta al salón y a pasar muchas horas solo en casa.

 

Si durante el verano has tenido la oportunidad de viajar con tu perro y has disfrutado de actividades diferentes, juegos, paseos y más tiempo con él, la vuelta a la realidad seguramente os costará a los dos. Por eso, igual que preparamos la salida, es preciso tener en cuenta la vuelta a la rutina para minimizar el impacto.

 

 

Preparando la vuelta a casa

 

Las vacaciones son para disfrutar así que, lo más probable es que, durante el tiempo de descanso, las buenas costumbres se hayan relajado un poco (o un mucho): No hay obligaciones, disponemos de mucho tiempo libre y no estamos tan pendientes de planificar las jornadas: Los paseos son más largos, no nos preocupamos de la alimentación, se relajan las normas de convivencia y nuestro perro se toma ciertas libertades que en casa no están permitidas (hace más o menos caso, pide comida de la mesa…). Como al fin y al cabo son vacaciones, también nosotros nos relajamos un poco y le damos poca importancia.

 

Sin embargo, nuestra falta de coherencia, puede suponer un problema al regreso, porque a nuestro perro le hemos permitido crear nuevos hábitos (algunos inadecuados) y puede costar recuperar las buenas costumbres. Por eso, si nos hemos relajado, es hora de ponernos manos a la obra y, unos días antes de volver a casa, hay que introducir algunos pequeños cambios para que la transición a la rutina sea lo más llevadera posible: Retomar los paseos habituales, alimentar  al animal de forma regular y volver a tomarse en serio la buena educación canina. Todo ello de forma gradual ya que, de este modo, conseguiremos que el retorno a la normalidad sea más fácil para todos.

 

 

Una vez en casa…

 

Hay que tener un poco de paciencia para ayudar a nuestro perro a readaptarse a los nuevos horarios, así como retomar las buenas costumbres.

 

En ocasiones, tras haber disfrutado tanto tiempo de la compañía de su familia humana, al perro le cuesta volver a acostumbrarse a la soledad y, en algunos casos, nos encontramos con animales que jamás habían dado problemas pero que, a la vuelta de las vacaciones, muestran conductas poco adecuadas como ladridos, mordisqueo de objetos o destrozos. El animal ha perdido la costumbre de quedarse solo en casa y nos pide ayuda de la manera que él sabe. Fastidiarte la vida no entra dentro de los planes de tu perro. Lo que le pasa es que está desentrenado en el apartado de quedarse solo en casa y es una situación que puede llegar a asustarlo.

 

Para evitar estas conductas asociadas a la mala gestión de la soledad, es conveniente mantener al perro ocupado con una estimulación adecuada: ejercicio físico adecuado, juguetes que le mantengan activo (por ejemplo, los que esconden comida), etc. Lo normal es que, al cabo de pocos días, vuelva a comportarse como siempre. Los perros, como las personas, también necesitan su tiempo de habituación pero, si el persiste durante demasiado tiempo en estos comportamientos, es recomendable consultar con el veterinario, puesto que quizá se trate de algo más: De un síntoma de depresión tras las vacaciones.

 

No es conveniente que el perro se sienta el centro de atención de todo, ya que el objetivo es conseguir que se acostumbre a su ritmo habitual y gestione de nuevo sus ratos de soledad. Si queremos anticiparnos al problema, es preciso prevenir, durante los días previos a la vuelta a las rutinas, evitando el exceso de atenciones hacia el perro. Lo ideal es mantener el ritmo habitual del día a día, para evitar problemas de ansiedad, al regreso a casa.

 

La vuelta a la alimentación también es importante. Conviene retomar horarios y raciones antes de la vuelta a casa. En algunos casos, sobre todo perros ansiosos con la comida, podemos ayudarles a reducir esa sensación, repartiendo la comida en más tomas, pero de menos cantidad cada una.

 

El control de esfínteres también puede verse afectado tras el periodo vacacional debido a los excesos culinarios unidos a mucho más tiempo al aire libre. Normalmente, se normaliza en unos días, una vez que se retoma la rutina habitual. De no ser así, es preciso consultar con el veterinario.

 

Algunos perros, pocos afortunadamente, sienten la necesidad de escapar a la mínima oportunidad en busca de acción. Las fugas de los perros son peligrosas, pues pueden acabar en accidentes y atropellos, así que hay que procurar que el perro tenga el nivel de ejercicio físico adecuado para que no sienta la necesidad de buscar nuevas aventuras. Es necesario retomar los paseos habituales y enriquecerlos con nuevas rutas, juegos de busca, estimulación olfatoria o escapadas especiales al campo los fines de semana. Se trata de “explicarle” a tu perro que tras las vacaciones, también se pueden disfrutar de muchos buenos momentos juntos.

 

 

Consejos para una buena vuelta a casa

 

Una buena idea es regresar unos días antes de retomar las obligaciones laborales, para evitar cambios de horarios bruscos nada más llegar. De esta manera, la adaptación se hace de forma paulatina y podemos valorar como lleva nuestro perro, el regreso de las vacaciones.

 

La vuelta a casa, puede ir acompañada de un baño relajante o de una visita al peluquero para sanear y poner guapo a nuestro compañero peludo.

 

Tras las vacaciones, la visita al veterinario es más que recomendable para realizar un chequeo completo con el fin de revisar la condición corporal, descartar espigas en los oídos, dermatitis o pequeños cortes, revisar la existencia de posibles heridas en las almohadillas o las patas. También es conveniente desparasitar y realizar la analítica la leishmaniosis si hemos viajado a zonas de riesgo.

 

Retomar la alimentación habitual unos días antes de la vuelta a la normalidad. Si notamos que el perro está inapetente o decaído, será preciso consultar con el veterinario.

 

Paciencia, largos paseos y mucho cariño pero sin caer en el exceso.

 

Las vacaciones son tiempo extra para perros y personas pero, antes o después, se acaban y, el regreso a casa y a las obligaciones, puede ser mucho más agradable para ambos si lo planificamos de forma progresiva, teniendo en cuenta las necesidades de nuestro perro.

 

Colaboración con la Revista Pelo Pico Pata Nº 107 (Septiembre 2014)

 

 

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