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Los gatos que juegan son más felices

Los gatos necesitan jugar como forma de estimular la actividad física y mental. El ejercicio aeróbico diario, es decir, todo aquel que implica movimiento, es más que recomendable para favorecer la actividad física y mental, además de prevenir la obesidad. Lo ideal es compartir entre 10 y 15 minutos repartidos en varias veces al día, para jugar con el gato. Si, además, somos capaces de crear una rutina de juego, manteniendo esas pautas que el gato espera y agradece, estaremos compartiendo tiempo de calidad.


Los gatos domésticos que han sido socializados desde pequeños para vivir con personas, perros o con otros gatos, son seres que, de forma normal, buscan la compañía de otros miembros de la familia, por los que sienten afinidad. No necesariamente va a mantener la misma relación con todos porque, al igual que las personas, ellos también tienen sus preferencias.

 

Evitar los juegos con las manos

 

El gato es cazador y como tal, uno de sus juegos preferidos es el del acecho y la caza. Debemos conocer la forma de fomentar este juego de una forma agradable para nuestro amiguito, pero segura para nosotros.


No debemos acostumbrar al gatito pequeño a jugar con las manos jamás. Puede parecernos gracioso cuando los dientecitos de leche apenas son agujitas pero, cuando nuestro cachorrito crece y se convierte en un gatazo con la dentición completa y desarrollada, el juego no resulta tan agradable para nosotros aunque, para él, sigue siendo un juego y, además, no entiende que nos enfademos por algo que nosotros mismos hemos consentido.


Es preferible jugar siempre utilizando los juguetes adecuados que mantengan nuestras manos alejadas de las garras y dientes de nuestro gato. Podemos usar los plumeros o las cañas de venta en establecimientos especializados, que simulan presas y activarlos durante los momentos de diversión, puesto que nuestro gato adora el movimiento y, en cuanto paramos de jugar con él, la actividad pierde interés y se marcha a hacer cualquier otra cosa.


Otra forma de evitar el juego de caza y acecho de los gatitos empeñados en "cazarnos" los bajos de los pantalones, las faldas o las zapatillas en movimiento cuando vamos de un lado para otro de la casa, consiste en desviar su atención hacia algo mucho más atractivo, como por ejemplo un ratoncito de vivos colores y con plumas atado con una cuerda larga a la cintura para que sea la presa a cazar.


Los gatos disfrutan enormemente con esta actividad y aprenden a diferenciar lo que es juguete de lo que no lo es.


También puedes colgar una pelota, amarrada con una cuerda, a una altura que invite a tu gato a brincar para moverla (por ejemplo, al pomo de la puerta) y lo mantenga ocupado tratando de bajarla.

 

Juguetes y más juguetes....

 

Aunque cada gato tiene sus propios gustos, en general a la mayoría les gustan aquellos juguetes que simulan pequeñas presas, fácilmente transportables y ligeros, como por ejemplo, ratones o pelotas blanditas que pueden atrapar con la boca y las garras.


También suele gustarles que hagan ruido cuando se los toca, aunque hay algunos que rehúyen este tipo de juguetes. Todo es cuestión de probar.


Algo imprescindible en todos los hogares con gato, es el rascador. El rascar y afilarse las uñas forma parte de la naturaleza felina, así como el marcar el territorio mediante pequeños depósitos de olor, presentes en las almohadillas plantares. Si no le facilitamos este tipo de elemento, el gato buscará un sustituto por su cuenta que normalmente suele ser el sofá, puesto que cumple todas las exigencias para ser un excelente rascador.


El juguete rascador puede ser comprado o fabricado por nosotros mismos pero siempre debe ser estable, firme y tan alto, que permita estirarse a nuestro gato completamente. No suelen servir aquellos que se cuelgan de las puertas, salvo que los fijemos, puesto que, si se mueven o desestabilizan durante su uso, suelen ser rechazados por los gatos.


Tampoco sirve comprar un súper rascador de lujo para colocarlo al fondo de la casa, en una zona poco visible, puesto que el gato volvería a buscar un lugar sustituto en un sitio más preferente. Ha de colcoarse en la zona caliente del hogar, que suele ser el salón, pues es un claro indicador de que en esa casa viven gatos.


Jugando con el puntero láser


A muchos gatos les encanta perseguir el punto de luz del puntero. En el momento en el que el minino empieza a perseguirlo, en realidad está cazando y poniendo en práctica sus instintos depredadores.

 

Aparte de tener la precaución de no apuntar directamente a los ojos con la luz (aunque estos aparatos están diseñados con potencias bajas y bastante seguras, siempre es mejor prevenir que lamentar), hay que tener en cuenta que nuestro gato está supuestamente persiguiendo a una presa.

 

Si tras una larga sesión de persecución no la consigue es fácil que no quiera volver a jugar o que le cree cierta desazón.

 

Para evitar dicha sensación negativa, lo óptimo es finalizar la sesión apuntando contra algún objeto que nuestro gato sí pueda cazar (una galleta, una golosina, un juguete, etc). Lo importante es que gane el juego y tenga ganas de volver a jugar la próxima vez.

 

En resumen:

  • Nunca apuntar el láser directamente a los ojos de tu gato
  • No alargar demasiado el juego con el puntero láser
  • Alternar el juego con el láser con otros tipos de juego
  • Posibilitar que el gato acabe "cazando" al láser (por ejemplo: enfocando un premio o juguete que sí cace)

 

Juegos de caza y de acecho

 

Nuestro gato doméstico mantiene la misma conducta alimentaria que sus antepasados salvajes, consistente en varias pequeñas comidas repartidas a lo largo del día (entre 18 y 20 tomas diarias, es decir, el equivalente a unas 15 presas pequeñas). En la naturaleza, ha de "emplearse" a fondo en cazar la comida pero en casa, lo tienen mucho más fácil.

 

Como resultado de no favorecer esta conducta alimentaria de acuerdo con los patrones naturales, hay gatos que desarrollan cierta ansiedad por la comida e incluso pueden padecer de obesidad.

 

Repartir la toma diaria en pequeñas cantidades por toda la casa, puede resultar de ayuda pues favorece la conducta exploratoria (es decir, aumenta el ejercicio) y disminuye la ansiedad por la comida.

 

En el mercado podemos encontrar un montón de juegos que estimulan la inteligencia y el movimiento de nuestro gato: Circuitos, tententiesos, bolas que se pueden rellenar con comida y precisan del movimiento para extraer el pienso...

 

Una simple caja de cartón cerrada con cinta de embalar y a la que hayamos practicado varios agujeros, puede convertirse en un comedero interactivo ya que precisa del esfuerzo de nuestro gato para atrapar la comida.

 

Observa cómo tu gato disfruta y juega. Se creativo y sorpréndelo. Ofrécele nuevas opciones de juego y cámbialas con regularidad para que tu gato no se aburra y desarrolle toda su inteligencia. De esta forma ayudamos a nuestro amigo a mantenerse en forma de una forma divertida.

 

Colaboración con la Revista Especies Nº 171 (Diciembre 2013)

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