Educación y conducta canina y felina CBATI, Dip.Professional Dog Trainer Guardería a domicilio Perros de Lectura
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Gatos: Educación y cómo evitar miedos y fobias

 

Los gatos se han hecho hueco en los hogares españoles. Muchas personas los eligen como compañeros por su elegancia, facilidad de mantenimiento y por supuesto, su carácter más o menos independiente, curioso, dormilón y dotado de una admirable destreza física.

 

Una buena convivencia entre personas y gatos, siempre está marcada por la buena relación con el animal. Conseguir que nuestro gato acepte de buen grado el contacto y la presencia humana facilita enormemente que todo sea más fácil.

 

Como cualquier otro ser vivo, el gato necesita establecer relaciones con su entorno. En estos casos, la relación con los propietarios equivale a las que podría establecer con sus semejantes en el entorno natural, y podemos aprovechar este hecho para enseñar a nuestro gato qué esperamos de él.

 

Muchas personas se preguntan si se puede educar a los gatos y, lo cierto es que, son muy inteligentes y, bien motivados, aprenden rápidamente las normas básicas de convivencia y hasta nuevas habilidades. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, un gato no es un perro, aprende de forma distinta y nos va a marcar un ritmo totalmente diferente pero con coherencia, paciencia y tiempo, se consiguen grandes resultados.

 

 

La personalidad del gato

 

Cada gato es único. Necesita su propio espacio, que debe ser respetado, para una adecuada convivencia. Sin embargo, en el fondo, los gatos de casa dependen de nosotros y nos consideran sus madres/cuidadores/admiradores. El gato nos enseña a descifrar su lenguaje corporal o sus maullidos, en función de sus propias necesidades, para que nosotros podamos atenderlas lo antes posible. Si aún no habías reparado en ello, puedes advertir un ejemplo cuando el animalito se acerca con la cola tiesa en alto al igual que hacen los cachorros cuando corren hacia su madre gata. De este modo, el gato de casa, aprende a reclamar nuestra atención cuando tiene hambre, se siente incómodo o simplemente requiere de nuestra presencia tal como lo hacía con su madre cuando era pequeño.

 

 

Educando al gatito desde el principio

 

En realidad, la educación no deja de ser una carrera de fondo. El período de socialización comienza cuando los órganos de los sentidos y la capacidad motora están lo suficientemente desarrollados como para que, el gatito, pueda interactuar con otros individuos y explorar el entorno. El final de este período, coincide con la aparición de una respuesta de miedo frente a estímulos desconocidos, hacia la semana 8 u 9.

 

La relación que el gato establece con la especie humana empieza a cimentarse en el período comprendido entre los dos meses de vida (es decir, desde el periodo de socialización) hasta los seis u ocho meses, aunque este hecho varía entre razas. Así, el comportamiento social del ejemplar adulto dependerá, en gran medida, de las condiciones de desarrollo del gato joven.

 

Uno de los factores relevantes de la sociabilidad del gato reside en el tiempo que pase con su madre. Cuanto más se aproxime al periodo natural (hasta los dos meses aprox.), mayor predisposición tendrá para mantener relaciones adecuadas con el ser humano. Por el contrario, si el destete se produce a una edad prematura, el animal tiende a considerar al dueño como su propia madre y el comportamiento infantil tiende a alargarse y repetirse en su vida de adulto, con el desequilibrio y la falta de estabilidad que ello conlleva.  Desgraciadamente, no en todos casos podemos cumplir esta premisa, pues hay demasiados gatitos huérfanos, prematuramente, que necesitan un hogar.

 

Durante este periodo vital y, en la medida de lo posible, debemos asegurarnos que el gatito experimente los siguientes aspectos fundamentales:

 

Socialización propiamente dicha, con miembros de su especie, con personas y con otras especies animales. Cuánta más, mejor. Es importante presentarle la mayor cantidad de estímulos posibles (niños, bebés, personas de todas las edades y condiciones, otros animales domésticos…)

 

Un gato mal socializado es susceptible de presentar miedo y agresividad hacia las especies con las que no ha estado en contacto y, este hecho, puede afectar de manera importante la relación contigo y tu familia, máxime, si en el futuro tenemos previsto aumentar la familia o adoptar otro animal.  Además, el contacto forzado con especies con las que no se ha socializado le generará estrés, que afectará de manera importante a su bienestar.

 

Durante el período de socialización el gatito debe habituarse a estímulos y situaciones que encontrará cuando sea adulto. Para que se produzca la habituación, la exposición al estímulo debe hacerse de manera paulatina y de un modo positivo.

 

  • Ruidos comunes de la casa (timbre, teléfono, aspirador…)

 

  • Manipulaciones frecuentes. Es bueno acostumbrarlo a “jugar a los médicos”, intentado emular una revisión veterinaria y manipulando boca, orejas…

 

  • Transportín. Debería ser un elemento familiar más por lo que, recomendamos, dejarlo abierto en la habitación donde hace vida el gato. Muchas veces, con este sencillo gesto, propiciamos que se convierta en su lugar seguro y no lo identifique únicamente con viaje al veterinario.

 

  • Veterinario. Lo ideal sería poder visitar a nuestro veterinario con el gatito, sin tener que realizar ningún tipo de intervención como, por ejemplo, vacunar, o administrar pastillas. De esa forma, acostumbramos a nuestro pequeño a lugares y olores nuevos sin necesidad de asociarlos a una amenaza. Una buena forma de crear una asociación positiva a la consulta veterinaria, es ofreciendo varios premios en forma de bocaditos apetecibles al gatito, mientras permanece en la consulta.

 

Conducta de eliminación Los gatitos comienzan a manifestar la secuencia de movimientos característicos de la conducta de eliminación, hacia las 4 semanas de vida. No necesitan aprender esta conducta de la madre ya que vienen “de serie” con ella.

 

La secuencia de la conducta de eliminación, se puede resumir en tres pasos:

 

1. Escarban una pequeña depresión con las patas.

2. Orinan y/o defecan en dicha depresión.

3. Cubren finalmente los excrementos y/o orina con el sustrato.

 

A veces, nos encontramos con gatos adultos que presentan una preferencia por un tipo de bandeja o arena y, rechazan, de plano, cualquier otra. Este comportamiento se puede prevenir, si hemos acostumbrado al gatito a diferentes tipos de bandeja y sustratos.

 

 

 

Convivir cómodamente con un gato

 

Para cualquier propietario la máxima preocupación es que, su gato tenga todo lo necesario para ser feliz, aun sabiendo que el entorno doméstico puede resultar, en ocasiones, poco estimulante para él. Para que nuestro pequeño pueda desplegar todas sus habilidades, debemos poner de nuestra parte, para dotar nuestro hogar de todo lo necesario para que el gato practique conductas habituales en el medio natural como son la exploración y la búsqueda de alimento y que resultan absolutamente necesarias para su bienestar psicológico.

 

Para ayudarle en su integración en nuestro hogar, debemos tener en cuenta sus necesidades y adelantarnos a ellas, proporcionándole todos los elementos necesarios para que se sienta seguro. Para facilitar la convivencia, será necesario proveerle de varias “zonas” separadas, que incluyan:

 

  • Zona de descanso. A veces, nuestro gatito nos sorprenderá, dejando de lado la estupenda camita de lujo que le hemos comprado, e inclinándose por nuestra cama, nuestro sofá o la estantería más alta a la que pueda llegar.  Que no nos extrañe. Muchas veces, su transportín o una simple caja de cartón con una toalla pueden ser camas estupendas.
  • Zona de alimentación. Un bebedero y un comedero, preferiblemente de cerámica o acero inoxidable y, por supuesto, separados entre ellos (los gatos en estado natural no comen cerca del agua) y ambos alejados de la bandeja sanitaria.
  • Zona de eliminación. Para ello elegiremos una bandeja sanitaria de bordes bajos (alejada del comedero y el bebedero). Debe ser lo suficientemente amplia como para que el gatito, cuando crezca, quepa entero y pueda moverse dentro con facilidad. Son muchos los gatos que rechazan la bandeja por ser demasiado pequeña o incomoda.
  • Zona de juego que, enriqueceremos, con juguetes apropiados, de los que hablaremos más adelante, y, muy importante, un rascador estable donde pueda afilarse las uñas, estirarse y escalar. El rascador debe ser firme y estable. No suelen servir aquellos que se cuelgan de las puertas, puesto que, si se mueve o se desestabiliza durante su uso, el gatito jamás volverá a usarlo.

 

Para que nuestro gato aprenda a utilizar correctamente el cajón de arena, es recomendable que lo dejemos en un lugar tranquilo y lo limpiemos correctamente de forma periódica.

 

El aseo general, también, es uno de los factores primordiales sobre el que tendremos que trabajar. El cepillado, cortarle las uñas... son cosas que el gato debe conocer durante sus primeras semanas de vida, periodo en el que se produce su socialización.

 

Por último, el factor alimentación es también muy relevante para mantener la higiene en una casa con gato. A partir de las cuatro o cinco semanas de vida, el gatito comienza a comer sólido y en este momento podemos ofrecerle pienso adaptado a su edad y/o condición física.

 

 

Cosas “normales” para el gato pero molestas para las personas

 

Hay determinadas conductas que pueden resultarnos molestas, pero que son normales para el gato. En consecuencia, no deben ser castigadas, pero se pueden tomar medidas para prevenirlas o reducirlas.

 

Subir a las estanterías puede reducirse si el gato dispone de un poste para trepar. De todos modos, no olvides que tienes un gato en casa así que, si tienes objetos valiosos en las estanterías que quieras conservar, te recomiendo que los guardes en sitio seguro, por lo menos, mientras el gatito pierde el interés por las estanterías.

 

El juego nocturno puede disminuir si nos preocupamos de estimular la conducta de juego durante el día, especialmente por la tarde.

 

Arañar los muebles es normal en el gato. Necesita estirarse y afilar sus uñas. Una buena opción es entrenarle a utilizar el rascador. Como ya he comentado antes, debe ser un rascador firme, estable y lo suficientemente alto como para que el gatito pueda realizar sus estiramientos cómodamente. Para lograr atraer al gatito hacia su rascador, podemos catnip en el poste o colgar trocitos de comida o juguetes para estimularle a estirarse y rascar.

 

 

Consejos para prevenir conductas indeseables en el gatito

 

La manera más efectiva de prevenir, se basa en reforzar las conductas apropiadas e ignorar las inapropiadas. Este plan debe comenzar tan pronto como el gatito llega a casa.

 

Es importante tener en cuenta que, ciertas conductas que pueden ser aceptables en un gatito, pueden ser muy molestas o peligrosas si las muestra uno adulto. La más ilustrativa es el gatito al que se le consiente mordisquear, jugando, las manos a sus propietarios y que conserva este hábito cuando llega a la edad adulta, convirtiéndose en un auténtico problema de convivencia si, además, el animal, nunca ha sido consciente de la intensidad de su mordida. Bajo ningún concepto, se debe jugar con las manos. Para evitar que, el gatito, no identifique nuestras manos con una presa, hay que evitar provocarle con las manos y debemos proporcionarle juguetes adecuados (plumeros con caña, ratones…) que siempre deben estar disponibles. Además es recomendable cambiarlos a intervalos regulares para que el gatito no pierda el interés.

 

 

 

Evitando los accidentes domésticos

 

Elementos como la cocina, las estufas, las ventanas la lavadora...etc., pueden ser muy peligrosos para la integridad de nuestro gato. Como es imposible vigilar al animal 24 horas, la prevención es la mejor medida a tomar bloqueando el acceso del animal a cualquier elemento doméstico que pueda entrañar peligro y protegiendo las ventanas para evitar caídas.

 

A partir de la pubertad (Entre 6 y 9 meses de edad más o menos), los gatos, sobre todo machos, con acceso al exterior comienzan a realizar frecuentes excursiones para pasear, explorar territorio o buscar pareja. Cuando esto ocurre, corren el riesgo de perderse o sufrir accidentes, intoxicaciones, además del peligro de meterse en peleas, resultar heridos y contraer enfermedades infecciosas o parasitarias. El mejor consejo es impedir que el animal salga fuera de casa, pero también es recomendable valorar con el veterinario la esterilización para evitar la necesidad de vagabundear.

 

 

Jugar para aprender

 

Los gatos necesitan jugar como forma de estimular la actividad física y mental. El ejercicio aeróbico diario, es decir, todo aquel que implica movimiento, es más que recomendable para favorecer la actividad física y mental, además de prevenir la obesidad. Lo ideal es compartir entre 10 y 15 minutos repartidos en varias veces al día, para jugar con el gato. Si, además, somos capaces de crear una rutina de juego, manteniendo esas pautas que el gato espera y agradece, estaremos compartiendo tiempo de calidad.

 

En edades tempranas, el gatito aprende mediante el juego las reglas esenciales para la vida en grupo y se va percatando de las consecuencias de su comportamiento. La madre alienta a los pequeños a jugar. De este modo les enseña a controlar la fuerza de su mordida y los principales mecanismos de defensa en su vida de adultos.

 

Los mordiscos en estos juegos empiezan alrededor de la cuarta semana, con enfrentamientos entre los 'hermanos' en los que se intercalan ataques y empujones que se interrumpen a la menor muestra de dolor por parte de cualquiera de los 'púgiles'. El gato aprende a través del juego, a identificar cuando su mordedura empieza a causar dolor y la forma en que podrá jugar con sus dueños sin infringir daño.

 

Por ese motivo, no debemos acostumbrar al gatito pequeño a jugar con las manos jamás. Puede parecernos gracioso cuando los dientecitos de leche apenas son agujitas pero, cuando nuestro cachorrito crece y se convierte en un gatazo con la dentición completa y desarrollada, el juego no resulta tan agradable para nosotros aunque, para él, sigue siendo un juego y, además, no entiende que nos enfademos por algo que nosotros mismos hemos consentido.

 

Es preferible jugar siempre utilizando los juguetes adecuados que mantengan nuestras manos alejadas de las garras y dientes de nuestro gato.

 

 

 

La necesaria socialización con las personas

 

 

Los gatos domésticos que han sido socializados desde pequeños para vivir con personas, perros o con otros gatos, son seres que, de forma normal, buscan la compañía de otros miembros de la familia, por los que sienten afinidad. No necesariamente va a mantener la misma relación con todos porque, al igual que las personas, ellos también tienen sus preferencias.

 

Un factor importante para determinar el grado de sociabilidad del gato, se basa en el contacto que ha tenido con seres humanos a edades tempranas. La recomendación general para establecer una buena relación de confianza se basa en aprender a manipular al animal casi desde su nacimiento: cogerlo en brazos, acariciarlo, etc.

 

Desgraciadamente, el tiempo juega en nuestra contra en este aspecto y resulta  bastante más difícil acostumbrar a un gato adulto a tolerar nuestra presencia o manipulaciones, si no ha sido educado en estos aspectos durante su etapa sensible.

 

 

Sobre los castigos

 

Están fuera de lugar siempre. Los gatos no aprenden a través del castigo. Su uso debe evitarse siempre porque, lo único que conseguimos, es desencadenar miedo en el animal.

 

La tarea de domesticar a un gato no es sencilla. Los gatos tienen uno de los cerebros más desarrollados del mundo de los mamíferos, y aprende de forma diferente a como lo hace, por ejemplo, un perro. Los gatos conservan muchos de sus rasgos salvajes, son cazadores solitarios y, al estar acostumbrados a vivir sin el apoyo de otros congéneres, no responden a las órdenes de la misma forma que otras especies más sociales.

 

Los castigos son fuente de estrés. A un gato nunca se le puede educar como si fuera un perro. Te lo tienes que ganar y nunca debería asociarte con algo malo. Por ejemplo, si quieres que tu gato no se suba a la encimera para evitar que se queme cuando estás cocinando o, simplemente porque te molesta, no tiene sentido andar detrás de él regañándolo cada vez que lo veas arriba. Tampoco sirve el chorrito de agua que causa más disgustos que beneficios ya que además, el gato aprovechará cuando tú no estés para inspeccionar la encimera ya que no habrá aprendido nada más allá de evitarte. En este caso, una sencilla solución es poner cinta adhesiva de doble cara en los bordes de la encimera (recordad que los gatos estudian bien el terreno antes de aventurarse y saltan justo al borde de la superficie). La sensación pegajosa les resulta desagradable y descubrirán por sí solos que no tiene sentido subirse.

 

Sin embargo, algunas veces, si la conducta es peligrosa para las personas o para el mismo gato, debe ser interrumpida, sacando al gato de esa situación. En función de la situación, puedes utilizar elementos de distracción o un ruido fuerte para “despistar” la atención del gato.

 

Resumiendo…

 

El gato ha querido compartir su vida con nosotros en nuestra casa pero, para que sea feliz debemos conocer y respetar su naturaleza y poner los medios necesarios para que ambos podamos disfrutar más de la relación.

 

Rosa Roldán

Colaboración con la Revista Pelo Pico Pata (Octubre 2015)

 

 

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