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El juego. Un premio que educa

 

 

El juego canino es importante pero ¿Cómo fomentarlo y recompensarlo adecuadamente? En este artículo te damos pistas de cómo propiciar momentos de complicidad entre tu perro y tú, como usar el juego como reforzador, cómo canalizar la actividad lúdica entre perros y, sobre todo, cómo identificar cuando deja de ser algo divertido y debemos intervenir.

 

Y es que siempre insistimos en el hecho incuestionable de que los perros son animales sociales pero, olvidamos frecuentemente, la importancia de esta premisa. La pertenencia al grupo (ya sea dentro de la familia o entre los compañeros caninos del parque) es, sin lugar a dudas un gran motivador para ellos.

 

Al igual que nos ocurre a las personas, el aspecto emocional de las relaciones tienen un gran valor. Por ese motivo, para lograr un perro equilibrado y estrechamente vinculado a nosotros como guías que somos, podemos usar esta motivación social como refuerzo y premio a la vez.

 

 

La mayor recompensa para tu perro eres tú

 

Ni la comida, ni los juguetes…. Si lo piensas fríamente tu perro espera pacientemente tu vuelta a casa en busca de una caricia, una promesa de salida, una actividad juntos….

 

Estamos demasiado acostumbrados a usar comida como premio o reforzador primario recompensando aquellas conductas que buscamos fijar.  Sin embargo, si no hay nada más entre tú y tu perro, cuando desaparece el reforzador, es decir, la comida, eso que tanto trabajo nos ha costado tiende a diluirse hasta desaparecer también. El uso de comida puede estar bien para iniciar al animal en diversos ejercicios o para enseñarle nuevas habilidades pero, no sirve para todo. Debemos ser exigentes con nosotros mismos como guías y referentes de nuestro perro, e intentar ir más allá.

 

En este sentido, cuando se trabaja por el hecho de compartir tiempo de calidad, juntos, buscando divertirse, puedes llegar a convertirte en su principal recompensa, estarás fortaleciendo su capacidad social y llevarás el vínculo con tu perro a otro nivel.

 

 

Incluir este tipo de refuerzo fomenta la relación y, sobre todo, que las conductas que buscamos en nuestro perro sean consistentes en el tiempo ya que, el carácter social de este tipo de refuerzo resulta, a la larga, más motivador que cualquier otro.

 

 

En busca del reforzador perfecto.

 

El refuerzo social es fácil y barato pero debemos ser conscientes de lo que buscamos para usarlo adecuadamente. Algunos buenos refuerzos para tu perro son:

 

Miradas llenas de complicidad: Una simple mirada puede ser el mejor premio para tu perro. Sin embargo, ojo con usarla de forma indiscriminada tanto para premiar como para regañar, ya que, se vuelve impredecible para el animal y, por tanto, pierde su valor.

 

En este sentido, hay perros que antes que pasar desapercibidos, prefieren buscar a atención negativa de su humano, es decir, su enfado (por ejemplo cuando los miramos y regañamos por ladrar a otros perros o personas) y no queremos reforzar determinadas conductas a través de la mirada.

 

Caricias que premian: Un mimo a tiempo o una leve caricia pueden convertirse en premios estupendos si conocemos bien a nuestro perro y sabemos lo que le gusta. Cuidado con los golpecitos o los contactos inesperados. Por eso, para estar seguros de que este reforzador funciona con tu perro, no hay nada mejor que ensayar cuando estáis relajados, masajeando en diversas zonas para descubrir las que más le gusta a tu compañero de cuatro patas.

 

A veces, será tu perro el que te busque mediante topetazos con su cabeza o leves contactos. Valora duración e intensidad de estos contactos para conocer el estado emocional del perro durante el ejercicio (si el contacto es prolongado, brusco o incómodo, es el momento de revisar intensidad y duración de la sesión y de darnos un descanso).

 

Pertenencia al grupo: Si convives y/o practicas con varios perros a la vez, no hay nada pero peor para ellos, que sentirse ignorados. Esta premisa se usa mucho en la educación de cachorros (y también de adultos) pues, el aislamiento por pocos minutos del resto de la familia, le obliga a replantearse la conducta que lo ha provocado y probar cosas nuevas en futuras ocasiones.

 

Lo normal para los perros es “vivir en familia”, en grupo. Sin embargo, es bueno y necesario que cada uno, tenga su propio espacio, es decir, no es saludable que el animal carezca de la autonomía necesaria para permanecer solo y tranquilo por espacios concretos de tiempo o que sienta la necesidad imperiosa de buscar contacto físico constante, con otros miembros de la familia (saltando, dando topetazos…. Etc). Busca el equilibrio para evitar futuros problemas.

 

Juego y más juego: El juego es un refuerzo social muy fuerte pues, desde que son cachorros, los perros aprenden a relacionarse con el mundo a través de esta actividad lúdica. No se trata de ganar o perder y, para que ambos disfrutéis, el juego debe estar basado en reglas sencillas a través de señales verbales o gestuales que tu perro entienda y que te permitan retomar el control de la situación en cualquier momento.

 

 

 

La importancia del juego como reforzador social en cada etapa vital.

 

 

Demasiadas veces olvidamos la importancia del juego y lo consideramos como algo opcional, sin otro objetivo que pasar un buen rato. Sin embargo, desempeña un papel fundamental en el crecimiento físico y mental de todos los animales, incluido el ser humano.

 

No es raro ver jugar a perros de cualquier edad, pero sobre todo si son jóvenes, persiguiéndose el uno al otro, exhibiendo boca y dientes y ladrando animadamente. El objetivo de esta actividad es practicar conductas naturales en el animal y fundamentales para la supervivencia.

Por eso, es fácil ver a los cachorros de perro simulando escenas de persecución, acecho y caza de cualquier cosa…. Pues, en realidad están “ensayando” a ser mayores.

 

Además, los juegos caninos otra finalidad íntimamente relacionada con el aspecto social de la especie que consiste en dotar al animal de herramientas sociales y aprender el patrón de comunicación con otros perros, para la correcta convivencia en grupo. Los cachorros aprenden por observación de los adultos pero también experimentando (a veces de forma poco cortés con otros perros que no tardan en “pararles los pies” al pequeño). Así, los perros necesitan aprender de otros perros y, debemos darles la oportunidad de equivocarse para que puedan madurar. No hay nada más triste que perros que quieren interactuar con otros perros pero que son corregidos sistemáticamente por su propietario por miedo o desconocimiento de las señales de comunicación canina, sin darles la oportunidad de relacionarse adecuadamente y aprender con cada experiencia… Perdemos una estupenda oportunidad de premiar a nuestro perro y mejorar la relación con él.

 

Cuando usamos el juego como reforzador, debemos tener en cuenta la edad del animal pues, cada etapa del crecimiento tiene unas características y la actividad lúdica genera comportamientos fáciles de observar y que nos pueden aportar valiosa información sobre nuestro perro. Los perros maduran física antes que emocionalmente pero es, relativamente fácil encontrar “eternos cachorros” cuya edad mental no se corresponde, ni mucho menos, con la cronológica, es decir, le falta madurez.

 

Los cachorros tienden a explorar todo con la boca: Muerden, mordisquean, mastican (todo lo que pillan a mano, incluso a nosotros) mientras aprenden a controlar la fuerza de su mandíbula. Cuando educamos al cachorro podemos usar el juego como reforzador y canalizar así esta necesidad de forma adecuada.

 

Según van creciendo, el tipo de juego cambia y explora la capacidad física: Corren, saltan, persiguen, acechan, cazan…. Todo con absoluto descontrol de su propia fuerza. Es la época en que están especialmente “destructivos”. Carecen de cortesía canina (aún no han perfeccionado las habilidades de comunicación) y no saben relacionarse adecuadamente con otros perros. Es la época del juego bruto entre animales jóvenes. Los adultos suelen ser tolerantes con estos cachorros grandes aunque, llegado el caso, les corregirán de forma adecuada. En estos casos, usar juegos de morder, de tirar o de atrapar, pueden suponer un excelente reforzador para canalizar tanta energía mientras iniciamos pautas de educación básicas.

 

Con el tiempo, los perros jóvenes aprenden a perfeccionar sus habilidades sociales a través del juego, buscando la respuesta positiva de otros perros con los buscan interaccionar. El juego entre individuos, se convierte en otro excelente reforzador a un trabajo bien hecho y ayuda a tu perro a desarrollar autonomía y confianza. Busca grupos estables que generen experiencias positivas. En esta edad, hay muchos perros adolescentes a los que les cuesta tolerar a otros perros que aún no dominan los códigos de comunicación canina y que se pueden sentir inclinados a “regañar”, a apartar o a empujar al “novato”. Supervisa pero respeta los tiempos y dales tiempo para asumir experiencias y aprendizajes.

 

En estos casos, debemos vigilar que nivel de actividad no suba en exceso. Normalmente, los mismos perros hacen breves paradas durante el juego, especialmente si hay adultos implicados. Pero, en caso de que el juego esté subiendo de intensidad, podemos provocar pequeños descansos interrumpiendo el juego de vez en cuando: Una opción estupenda es practicar la llamada, esperar a que vengan los perros y proponerles un sencillo juego de busca de un par de minutos de duración (por ejemplo buscando trocitos de comida). De este modo, rebajamos la excitación y la mantenemos en un nivel razonable.

 

 

Cuando el juego se vuelve conflictivo……

 

El juego mal canalizado, puede ser origen de muchos conflictos que puedes prevenir y evitar.  Como casi todo, la prevención pasa por permitir a los perros desarrollarse como perros e interactuar entre ellos y con el entorno con la mayor libertad posible. Algunas conductas que debemos tener en cuenta

 

  • Juego inadecuado por falta de experiencias tempranas: Suele estar relacionado con una necesidad de exploración no resuelta en el cachorro, bien porque no se lo hemos permitido, bien porque el animal fue separado prematuramente de la madre y los hermanos o bien por una combinación de ambas. Cuando el cachorro permanece junto a la madre y los hermanos, al menos, hasta los dos meses y medio, parte del tiempo que está despierto lo dedica a medir la fuerza de su boca, mordisqueando al resto de la familia que, a su vez, mordisquean a nuestro cachorro informando de la fuerza permitida en cada momento y, por tanto, aprendiendo a controlar la mandíbula.

 

Si tenemos en cuenta lo anterior y que, los cachorros para desarrollarse adecuadamente, necesitan explorar su entorno, esto implica coger (con la boca) todo lo que encuentran e interaccionar con ello (masticándolo, babeándolo, soltándolo y volviéndolo a coger, etc.). Sin embargo, la reacción habitual de los propietarios suele ser retirar inmediatamente los objetos que va cogiendo, por preocupación de que pueda hacerle daño, o simplemente porque les desagrada esa conducta. En estos casos, nos encontramos perros que protegen comida o juguetes porque, han visto interrumpido su proceso natural de aprendizaje y, cada vez que encuentran algo, se ponen a la defensiva, generando diversas estrategias para evitar que se lo arrebaten.

 

En estos casos, la solución pasa por ofrecerle al cachorro o al perro la oportunidad de explorar y mosdisquear diferentes materiales (podemos usar distintas texturas y juguetes para morder o atrapar animando a nuestro perro a hacer uso de ellos como premio a cada actividad), También podemos organizar sesiones de juegos con perros estables que le “enseñen” al aprendiz cómo controlar la fuerza para canalizar esta necesidad y ayudar al animal a superar el aprendizaje pendiente.

 

  • Juego inadecuado por falta de habilidades sociales: Es el típico “matón del parque”. Suelen ser ejemplares jóvenes que no han tenido suficiente contacto con otros perros, o cuyas experiencias no han sido buenas. En estos casos, puede costarle aprender la forma apropiada de interaccionar con los demás. Suelen mostrarse muy impulsivos y brutos con otros perros. Se pasan la vida escaneando la zona de paseo en busca de otros perros con los que intentar jugar y, aunque su intención suele ser simplemente la de pasar un buen rato, por lo general es tan invasivo que acaba incomodando o asustando al otro animal, provocando situaciones tensas o incluso alguna pelea. En estos casos, el juego debe ser tranquilo y pausado y conviene contar con un asistente canino adulto, más o menos del mismo tamaño que el joven alocado al que debemos enseñar y, sobre todo, de carácter muy equilibrado para que sirva de ejemplo al joven aprendiz.
  •  
  • Conductas inadecuadas por sobreexcitación: Cuando los perros pasan demasiado tiempo seguido jugando (especialmente si es un juego muy frenético), suelen hacer paradas puntuales para rebajar tensión o, en su caso, debemos intervenir para como hemos señalado anteriormente para proponerlas nosotros. Si esto no sucede, los animales entran en un bucle, dejan de pensar y se pueden generar respuestas desproporcionadas como, por ejemplo, que el juego desencadene en enfrentamiento y en pelea. Además, debido al estrés que se genera, podemos encontrar otros problemas asociados como conductas inadecuadas en casa o hacia la familia. De ahí la importancia de supervisar el juego entre perros y establecer paradas periódicas para ayudar a relajarse a los participantes.

 

 

Resumiendo….

 

 

En la relación con tu perro, existen muchos más reforzadores que, simplemente la comida y hay muchos tipos de refuerzos sociales que puedes usar y disfrutar. El juego es quizá el más importante, pues forma parte del aprendizaje natural del perro, crea vínculo, enseña, educa y, bien canalizado, promueve individuos equilibrados y con buenas habilidades sociales.

 

 

Colaboración con la Revista Pelo Pico Pata Nº 114 (Abril 2015)

 

 

 

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