Educación y conducta canina y felina CPDT-KA, Dip.ABST, CBATI Dip.Professional Dog Trainer Guardería a domicilio Perros de Lectura
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Mi gato está raro

En el campo de la salud felina, como propietario y mejor conocedor de tu animal, eres la primera persona en detectar que algo no marcha bien puesto que, ves al gato día a día, lo alimentas y mantienes limpio el cajón de arena. También sabes donde le gusta dormir, la frecuencia de su acicalado, el estado del pelo y el tono físico en general. Eres el único que entiende sus maullidos en todas sus tonalidades, conoces sus juguetes favoritos y sus rutinas diarias.


Más que cualquier otra persona, eres quien mejor sabe si tu gato se comporta de forma normal. Tu capacidad de observación es la primera garantía de la salud de tu gato e, incluso, a veces, de salvarle la vida


Como propietarios, somos los primeros en advertir que nuestro gato no está como siempre. Algo falla.

 

En qué fijarnos


Los síntomas de enfermedad en un gato suelen ser muy sutiles por lo que, nos debemos convertir en observadores cuidadosos para detectar a tiempo cualquier problema. Normalmente un gato enfermo, se mueve menos para evitar el dolor y suele pasar más rato en el mismo sitio sin querer interaccionar con nadie. Puedes aprovechar las sesiones de cepillado, mimos y carantoñas para revisar el pelo, ojos, orejas e, incluso boca en la medida que se deje.


Para identificar un problema potencial, debes conocer lo que es normal en tu gato. Vive contigo, lo conoces mejor que nadie y seguro, sabrás cuándo debes buscar ayuda de tu veterinario. Estas son algunas de las cosas que debes observar cuidadosamente.


Los cambios en la apariencia física son los signos más evidentes de que algo no anda bien. Observa la postura y su forma de andar. Lo preocupante será encontrar deshidratación, postura encorvada con manifiesto dolor, alopecias, pelo quebradizo o sucio, delgadez extrema, reacciones lentas, cojera o falta de coordinación entre otras muchas.


El peso ideal de nuestro gato es otro indicador de la salud de nuestro amigo. Para esta tarea nos debemos pesar junto con el gato y anotar el peso. Luego nos pesamos solos y calculamos la diferencia que será igual al peso del gato. Cada gato tiene un peso en función de la raza, sexo… No obstante, el peso de un gato normal oscila entre los 4 y 5 kg. Las costillas deben quedar cubiertas por la piel y el pelo, pero deben ser fácilmente palpables al tacto. Unas costillas visibles indican delgadez. Un vientre colgante, es síntoma de obesidad.


La nariz ha de estar limpia y sin secreciones. Si está reseca, agrietada o presenta descamaciones, irritaciones, flujos nasales o sanguinolentos, debemos preocuparnos.


Los ojos rojos e inflamados suelen ser sinónimo de infección ya sea del párpado exterior, del tercer párpado o de la córnea, entre otros. De la misma manera, el enrojecimiento o irritación puede ser una señal de glaucoma, o presión elevada dentro del ojo. También nos deben preocupar los ojos sin brillo, hundidos, secos o, por el contrario, con flujo excesivo. Si uno ó los dos ojos no están centrados, si las pupilas presentan un tamaño desigual y no responden a los cambios de intensidad luminosa o lo hacen de forma desigual, existe un problema que requiere intervención veterinaria.


Las orejas deben estar limpias, secas y sin heridas. Si hay inflamación, costras, humedad, flujo con o sin fuerte olor, dolor…. algo no va bien.


La boca es otra fuente de preocupación, sobre todo cuando hay enrojecimiento de encías, dientes flojos o sarro. Si la lengua está hinchada o existen bultos en la boca, es preciso que intervenga el veterinario de forma urgente.


Aunque la tos es relativamente normal en los gatos, ya que se trata de un reflejo de protección para eliminar secreciones o cuerpos extraños que llegan a la garganta o a las vías respiratorias, si es excesiva, puede llegar a afectar el sistema respiratorio, bloqueando la capacidad de respiración y obstruyendo el aparato respiratorio. Generalmente las causas de la tos pueden ser enfermedades del aparato respiratorio como neumonía o bronquitis que deben ser tratadas. También la tos es síntoma de la presencia de patologías cardiovasculares por lo que, no debemos correr riesgos.


Los ataques nerviosos o cuadros convulsivos nunca son normales como tampoco lo son temblores, espasmos musculares o parálisis. Todos estos síntomas nos indican un trastorno del sistema nervioso y, deben ser revisados necesariamente por el veterinario.


Asimismo hay que estar atentos ante la aparición de cualquier bulto o masa anormal que, siempre, debe ser valorado por el veterinario.

 

Signos vitales normales


Aunque la observación es muy importante, también es fundamental conocer los parámetros normales que indican la salud de nuestro gato. Esta información puede resultar de mucha utilidad al veterinario.


Temperatura. En un gato sano debe estar entre 38 y 39ºC (en el veterinario o en un día caluroso puede ser algo superior como consecuencia del estrés). Para tomar la temperatura, recomiendo un termómetro de uso exclusivo para el gato. Es preciso lubricar la punta con algo de vaselina para facilitar la inserción en el recto. Se introduce lentamente hasta unos 3-5 cm y se espera el tiempo indicado. Si hay signos evidentes de dolor, se paraliza inmediatamente la operación.


El ritmo cardíaco en un gato sano oscila entre 140-220 latidos por minuto en función de la edad y la actividad que realice. Normalmente, coloco una mano sobre el costado izquierdo del animal y cuento durante 15 segundos. Multiplicado por cuatro, tenemos calculado el ritmo.


La respiración en un gato normal está entre 15-25 respiraciones por minuto aunque puede ser superior si hace mucho calor o está excitado. En condiciones normales se puede calcular mediante observación directa de las respiraciones de nuestro gato.

 

 

La importancia del aspecto emocional de nuestro gato


En este terreno, nuestras impresiones como propietarios son más importantes, si cabe, que en el plano puramente físico. Muchas veces, los cambios de comportamiento que detectamos, son el primer indicio de la existencia de un problema de salud. Para confirmarlo, el veterinario realizará las analíticas correspondientes. En los casos en que no existe un problema puramente físico, debemos valorar un problema de estrés y tratar los motivos que provocan esa reacción en el animal. Debemos estar especialmente atentos ante los siguientes síntomas:


Cambios en los hábitos de alimentación y de ingesta de agua. Especial atención a la pérdida repentina de apetito. En esos casos recomiendo revisar la boca y ver el estado general de la dentadura. Valorar si se ha realizado un cambio brusco de alimentación o hay causas externas que alteran a nuestro gato. Debemos preocuparnos si pasa más de un día completo sin probar bocado.


Uso inadecuado o, incluso evitación, del arenero.  Puede ser un síntoma de problemas físicos como diabetes o infecciones urinarias que debemos descartar o, en su caso, tratar. Si no hay explicación física, debemos pensar en un problema de estrés y revisar qué ha cambiado en nuestra rutina y de que forma afecta a nuestro gato. Entre algunas causas que provocan estrés encontramos cambios de horarios, llegada de un nuevo animal o miembro de la familia, redecoración de la casa….


Cuando el gato deja de acicalarse como lo hacía habitualmente, es otro síntoma de que algo no va bien. Para los felinos es una importante rutina diaria que, solo abandonan, cuando no se sienten bien ya sea en el plano físico, emocional o en ambos.


Si notamos cambios en los maullidos de nuestro gato, podemos sospechar de problemas respiratorios o abdominales. Es una forma de avisar de que algo no funciona.


En ocasiones, veo propietarios que, ante la sospecha de un problema de salud en el gato, esperan unos días antes de actuar, con la esperanza de que todo volverá a la normalidad por sí solo. No lo recomiendo en ningún caso. Ante cualquier síntoma que comprometa su salud, nuestro gato ha de ser revisado por el veterinario. Si se descartan los problemas físicos, deberemos valorar el estado emocional de nuestro gato y si le estamos proporcionando un ambiente enriquecido, buena alimentación y un tiempo de calidad con nosotros. Tu gato necesita algunas cosas básicas para vivir pero, sobre todo te necesita a ti. 

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Rosa Roldán Pérez
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