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Lazos gatunos entre personas

Bufy llegó a mi vida por casualidad. No buscaba más gatos (en ese momento ya tenía tres) pero seguía (y sigo) colaborando con difusiones a nivel nacional. Entonces leí esta historia y ya no pude mirar hacia otro lado. Ana, un ángel sin alas, que de forma particular, sin más medios que los propios, se dedicaba (y aún lo hace) a recoger gatos salvajitos para esterilizarlos, recogió a una gata preñada y muy enferma con, lo que parecía, infección pulmonar. Ana se había acercado, durante muchos días, a alimentarla y curarla. Había visto, como la gatita, se pasaba el día debajo de los coches y en la puerta de una tienda donde también le ponían de comer, pero al ser demasiado buena para estar en la calle, se exponía a que la maltrataran o cosas muchos peores. Por eso decidió llevarla.


Aunque en un primer momento se temió por su vida, pues era un riesgo para ella, en su estado, tanto parir como esterilizarla, finalmente salió todo bien, se esterilizó y se recuperó sin problemas.

Después de estar varios días ingresada la sorpresa del personal de la clínica y de la propia Ana, fue que, no sólo la gatita no era salvaje, sino que era cariñosísima. En el veterinario sacaba todo el rato la patita entre los barrotes para que la dijeran cositas...Tenía toda la pinta de ser un abandono. Tras la operación cuando fue a soltar a Bufi en el mismo sitio donde la recogió, la gata la maullaba y se iba detrás de ella.... En ese momento empezó la cadena de solidaridad. La historia empezó a circular por los foros de Madrid Felina y se extendió a muchísimos más, gracias a Laura, Rizosmil y otras muchas a las que nunca podré agradecer su ayuda. Me ofrecí a adoptar a Bufi.

Ana la acogió en su casa y le hizo las pruebas de inmuno y leucemia: negativo. Eran buenas noticias. Pero la cosa se complicó, nuevamente, porque el veterinario advirtió, tras varias pruebas, que el problema pulmonar que arrastraba, era debido a una hernia diafragmática, y que tenía parte de los intestinos y órganos abdominales en la cavidad torácica... Imaginaros el disgusto de Ana.


Más razones para seguir queriendo ayudar a esa pobre gatita. Operaron a la gatina un lunes. El veterinario no entendía cómo podía respirar hasta ese momento el pobre animal, pues tenía dentro de la cavidad torácica el estómago, bazo, intestino delgado, y parte del hígado. Descubrieron también una antigua fractura de costilla, seguramente por un atropello o una caída desde una ventana hace tiempo... Parecía increíble que este animalito llevara en la calle tanto tiempo así. Según el veterinario, no se movía apenas del sitio, porque se fatigaba con dar 3 pasos en su estado... Cuando la esterilizaron, se había usado el abordaje lateral por lo que no pudieron ver la cavidad abdominal. 

Lo importante es que todo salió bien y se recuperó bien a pesar de ser una cirugía con varias posibles complicaciones. Ana y yo nos encontramos 10 días después de la primera vez que hablamos, a medio camino, para recoger la gata.


La llamamos Bufi porque se pasó dos días bufando al mundo en general a la vez que pedía mimos (demasiados cambios en su vida en poco tiempo). Luego pasó dos meses, o más, vigilando los comederos. Se quedaba a medio camino entre la cocina y el salón para poder tener visión de la comida y de nosotros. Ganó bastante peso y temimos por su salud pero ella solita, encontró la solución. Cuando se dio cuenta de que no le iba a faltar la comida, ella solita empezó a regularse y perdió todo lo que le sobraba.


Ahora Bufi está feliz y agradecida, no para de ronronear y poner la tripa, nos sigue todo el rato para darnos topetazos y pedir que la rasques, y estamos realmente enamorados de ella por lo cariñosísima y buena que es.


Gracias a Bufy conocí a Ana con la que tengo una preciosa amistad desde entonces. Hablamos a menudo y nos ponemos al día del todo. Por medio, ambas nos hemos casado, ella ha tenido su primer hijo, hemos perdido a seres extraordinarios que siempre llevaremos en nuestros corazones y nos hemos apoyado en los momentos buenos y en los de dolor. Y todo, gracias a una gata. ¿Qué más se le puede pedir a un ser vivo, que unir corazones?


Decía la escritora francesa Colette:


“¿Habré hablado demasiado y demasiadas veces del gato???…peor para mi lector, porque aún no he acabado de ensalzarlo. No hay gatos ordinarios. Hay gatos infelices, gatos obligados a la simulación, gatos insatisfechos, gatos que un incurable error humano abandona en manos indignas, gatos que esperan toda su vida una recompensa que nunca vendrá: comprensión y piedad.


Muchas gracias a todos y todas que no perdéis la fe y ayudáis a que tantos gatitos encuentren su hogar. 

Rosa Roldán Pérez en homenaje a todos los seres anónimos que como Ana, abren su casa y sus corazones por los más necesitados.


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