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¿Cómo saber si nuestro gato sufre estrés?

 

Estrés (del inglés stress, ‘tensión’) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada. En esencia, es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.

 

El estrés en gatos es algo en cierto modo “habitual” en ciertas situaciones:

  • Alteración de las zonas territoriales del animal dentro de casa (traslados, redecoración, llegada de un nuevo miembro a casa, …etc.)
  • Ignoramos las necesidades del gato (comida y bebida adecuada, zonas de eliminación, etc.)
  • Ignoramos el lenguaje corporal felino (necesidad de rascar y necesidades de espacio personal por cada gato)
  • Espacios reducidos y desconocidos.
  • Peleas, riñas o gritos (situaciones de estrés) en casa de los propietarios.
  • Soledad: Propietarios de vacaciones y gato en residencia, primeros días.
  • etc.

El estrés se produce, en la mayoría de los casos, por cambios en el ambiente. Sin embargo no es algo serio, a menos que sea prolongado y el animal sea capaz de gestionarlo adecuadamente, lo que puede producir efectos negativos y, en los casos más graves, desencadenar problemas graves de salud.

 

En una vivienda donde el gato no tiene la posibilidad de alejarse de otros individuos de su especie si así lo desea, pueden darse problemas de convivencia y, por tanto, estrés.

Los gatos pueden mostrar cierto nivel de agresividad o miedo hacia personas desconocidas y miembros de la familia, dependiendo de su genética y de la socialización. Algunos gatos presentan cierta intolerancia a las caricias y a la manipulación y pueden llegar a provocar heridas graves por mordedura o arañazo. Todas estas situaciones, le generan cierto grado de estrés que debemos ayudarle a gestionar.

 

Cada gato reacciona de forma diferente al estrés. Normalmente, un gato estresado deja de marcar sus caminos invisibles por la casa. No se pasea, ni juega, ni usa el rascador y pasa muchas horas aislado. No está cómodo, y busca refugio en lugar seguro y elevado. Cuando el estrés es agudo (lo que ocurre sólo en ciertas ocasiones), el animal suele dar señales de advertencia que, lamentablemente, la mayoría de los humanos ignoramos bien por desconocimiento o por simple descuido:

  • Pupilas dilatadas
  • Eliminación inadecuada. Orinarse o marcar territorio dentro de la casa.
  • Presenta actitudes de agresividad: Un gato habitualmente plácido y afectuoso, de repente puede empezar a comportarse de forma agresiva, arañando y mordiendo a su dueño.
  • Aseo nervioso. Algunos gatos responden al estrés exagerando su aseo, lamiendo y mordisqueando continuamente alguna zona determinada de su cuerpo, sin razón aparente alguna. Esto puede originar problemas cutáneos, como dermatitis, eczemas, e incluso calvicies.
  • Algunas razas de origen oriental, especialmente el siamés y el birmano, pueden morder obsesivamente lana u otro tipo de tejidos. Podría tratarse de un retorno al comportamiento infantil, como resultado del estrés.

Puede ser difícil identificar a los gatos que están sufriendo estrés pues son especialistas en esconder los signos de vulnerabilidad, como el dolor. Sin embargo, hay ciertas pistas que nos pueden “orientar” para dar la voz de alarma y tomar las medidas adecuadas antes de que el problema se agrave:

  • Problemas dermatológicos: alopecias, caspa, picores…etc.
  • Enfermedad del tracto urinario inferior: cistitis y otros problemas urinarios
  • Enfermedades gastrointestinales: diarreas, vómitos…
  • Enfermedades infecciosas: Se le nota apagado y triste.

El estrés crónico produce efectos en el sistema inmunológico del animal que, rápidamente, es mucho más vulnerable hacia enfermedades infecciosas. Hay estudios que demuestran que, los factores emocionales juegan un papel principal en la cistitis idiopática felina. En cualquiera de estos casos, se hace preciso consultar con el veterinario del animal.

 

 

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