Educación y conducta canina y felina CPDT-KA, Dip.ABST, CBATI Dip.Professional Dog Trainer Guardería a domicilio Perros de Lectura
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Aprendiendo a pasear

Los perros tiran de la correa principalmente por dos motivos... porque nosotros les seguimos y porque su paso natural es muchísimo más rápido que el nuestro.

 

Cuando paseamos con un perro con la correa en tensión, fomentamos que el perro tire de la correa con más fuerza aún. El perro encuentra refuerzo cada vez que tira, puesto que llega antes al lugar que le interesa y nosotros le seguimos. El perro aprende que tirando, se consigue el objetivo así que tira de la correa porque puede y porque nosotros estamos detrás...

 

Si la correa está tensa, esa tensión se trasmite de forma directa y muy rápida al perro. Cuando el propietario ve un perro, en previsión de la reacción de su animal, puede tensarse y tirar de la correa, aún insconscientemente, provocando efectivamente que el perro se ponga nervioso.

 

En este punto, gana importancia el tipo de collar utilizado para enseñar a pasear sin tensión. Los collares de pinchos o de ahogo no son la solución. Hacen daño y, su uso, provoca que el perro asocie los tirones y el dolor, con lo que tiene delante (ya sea otro perro, una persona o incluso un niño). Ante el temor del tirón por parte del perro, se suele cortar correa y tirar del perro hacia atrás, provocando tensión y dolor en el animal.

 

El dolor, a fuerza de repeticiones, se asocia con lo que el perro tiene enfrente. Los nervios del propietario también provocan que el perro esté "preparado" ante lo que puede venir. Si en presencia de otros perros, el propietario le hace daño al animal, muy pronto la asociación que va a aprender el perro es: "otros perros, dolor". La situación se tensa y, en esa espiral de emociones, es difícil enseñar y trabajar.

 

El perro pronto se acostumbra al dolor y a seguir tirando. Bajo la premisa de que el cuello del perro es más fuerte y aguanta, permitimos que el animal se inmunice ante el daño.

 

Un perro no aprende a dejar de tirar de la correa, causándole dolor. Un perro aprende a pasear sin tensión, enseñándole de una forma adecuada.

 

Un buen equipo de paseo compuesto por un collar cómodo y ancho o un arnés antitiro, una correa de paseo larga, en torno a los dos metros, una bolsa repleta de premios a gusto de nuestro perro (salchicha, queso...) y una gran dosis de paciencia son los componentes ideales de un buen punto de partida para enseñar a caminar sin tensión.

 

Empieza en casa, practicando la mirada (llamas a tu perro, buscas su mirada y premias). En este entorno las distracciones son mínimas y el animal es capaz de concentrarse. Si empezamos trabajando en el parque donde hay muchos estímulos, es más que probable que nuestro perro encuentre interesante todo, menos a nosotros.

 

Elige un sonido o una palabra corta (el sonido que se produce al chasquear los labios me gusta mucho) y úsalo siempre que le llames. Informa siempre a tu perro de lo que esperas de él. En caso contrario, lo despistarás y no querrá participar del juego.

 

Cuando estés seguro de que el perro responde bien, comienza a caminar cambiando la dirección, 3 ó 4 veces seguidas. Llama primero mediante el sonido, camina y, en cuanto el perro mire en tu dirección, felicítalo, usa el sonido elegido de nuevo y repite el proceso. Recuerda que debes premiar con comida el que vaya a tu lado, no el que se gire.

 

Un vez que hemos conseguido que esté pendiente de nosotros y es capaz también de girar a nuestro paso en movimiento, empezaremos a trabajar que no tire de la correa. Para ello echamos a andar y, en cuanto haya tensión en la correa, paramos. Es una especie de semáforo verde-semáforo rojo en función de si tira o relaja la tensión de la correa. Normalmente, el perro vuelve a nosotros pasados unos segundos. Si el perro no decide volver por sí mismo, usamos nuestro sonido especial. En cuanto el perro se vuelve hacia nosotros y cesa la tensión en la correa, felicitamos al perro y premiamos. Repetimos el proceso.

 

Para que el perro no pierda el interés, empieza con sesiones cortas de unos 10 minutos para luego ir alargándolas. Es mejor hacer varias sesiones al día muy cortitas, que una muy larga de media hora. Termina siempre con algo que el perro sepa hacer muy bien y premia para que se quede con ganas de más.

 

El proceso de aprendizaje tiene que ser divertido para ambos. Disfruta de cada paso y avance y no pares nunca de practicar.

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