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Sobre el castigo

El castigo por sí solo no enseña. Puede que, en ocasiones, consigas que tu perro deje de hacer aquello por lo que ha sido castigado pero, ¿Qué ocurre cuando tú no estás delante?


Muchas personas piensan que el perro sabe que ha hecho algo mal porque trata de esconderse o procura ocultar las pruebas del delito comiéndoselas, por ejemplo. Realmente están reaccionando a tu lenguaje corporal y gestual que denota enfado e indignación pero no están aprendiendo qué es lo que han hecho para causar esa reacción en ti.


Si quieres que tu perro realmente aprenda, enséñale algo nuevo e incompatible con la conducta que pretendes erradicar. Si por ejemplo, tu peludo es de los que destrozan objetos cuando se aburre, procura dejar las tentaciones fuera del alcance y enseñarle a dirigir su juego a objetos permitidos como dispensadores de comida u otros elementos adecuados.


Otro ejemplo frecuente son los perros que reciben a las visitas saltándoles a los hombros, enséñale a sentarse siempre que llamen al timbre y abras la puerta. Sentarse es incompatible con saltar.

 

No hay que perder de vista quel el castigo puede aumentar las conductas de miedo. Si el perro reacciona ladrando nerviosamente ante algo que lo atemoriza (una persona con paraguas por ejemplo) y le reprendemos por ello, es probable que asuma que debe tener miedo de esa situación.

 

En ocasiones. el mismo pueden convertirse en reforzador de la conducta que se pretendía corregir. Por ejemplo, cuando saltan alrededor pidiendo atención, cualquier acción encaminada a deshacernos del perro, puede ser considerada como una respuesta positiva a la demanda.

 

El castigo puede llegar a crear callo. El perro se va habituando a la situación pero no aprende. Además, lo que se aprende mediante el castigo no se generaliza. Puede crear conductas de sustitución que pueden ser más molestas o peligrosas que la que pretendíamos corregir mediante las correcciones.

 

La teoría del aprendizaje nos dice que un castigo debería ser lo suficientemente intenso para detener el comportamiento a corregir, inmediatamente. Para que pueda enseñar algo al perro, debería dispensarse dentro del margen de los dos segundos siguientes al comportamiento inadecuado. Además, se debería castigar la conducta problemática cada vez que se presenta. Se habla por ello de contingencia y simultaneidad.

 

El objetivo que persigue el castigo es el cambio rápido y permanente del comportamiento inadecuado del perro. Nunca debe convertirse en un medio para descargar nuestra frustación. La pregunta que debemos hacernos antes de empezar a usar el castigo como método de enseñanza es si vamos a ser capaces de ejercer esa disciplina de forma coherente y mantenerla sin excepción. En caso contrario, busca otro método que realmente enseñe al perro a hacer algo diferente. 

 

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